La mejor cura contra la envidia

En nuestra actividad profesional (y personal, todo hay que decirlo), nos encontramos con mucha gente que tiene el deseo de cambiar o mejorar algún aspecto de su vida, originado por diferentes circunstancias, que comienzan a buscar soluciones o alternativas para conseguir el objetivo que se han planteado o aquello que creen les hará sentir mejor. Sin embargo, a la hora de comprometerse de verdad, salen a relucir todas las excusas habidas y por haber: “no tengo tiempo”, “estoy muy cansado/a”, “es que no pude, lo haré mañana”, “es muy difícil”, “y tengo que hacer eso todos los días? No creo que pueda”, etc. Sin embargo, esperan que de alguna manera, el coach o terapeuta de turno les proporcione una solución fácil, rápida, indolora, incolora, barata y sobre todo, que no implique cambios importantes en la rutina que llevan, precisamente la misma que dicen querer modificar…

Hace un tiempo asistí a un taller de Constelaciones Familiares con una Maestra muy particular. Durante el mismo, nos habló de la envidia y de sus poderosos efectos para destruir la vida de las personas. Al terminar de enumerarlos, nos dijo: “Sin embargo, hay una solución. Existe una frase que resume en muy pocas palabras el procedimiento a seguir para desactivar ese enemigo tan poderoso. ¿Quieren saber cual es? Es muy sencilla. Memorícenla, recítenla y úsenla como un mantra cada vez que se enfrenten a los efectos de la envidia. La frase es: “ESTOY DISPUESTO/A A PAGAR EL PRECIO“.

¿Qué significa eso?, preguntará alguno o alguna. La explicación no tiene nada de esotérico. Cuando nos sorprendamos comparándonos con alguna persona a la que consideramos más exitosa/rica/bonita/feliz/afortunada/mejor pagada/con buena suerte/con un trabajo fantástico o lo que nos podamos imaginar, en lugar de criticar o pensar en las “malas artes” a las que habrá recurrido para llegar hasta donde está, y que por lo regular dispara la siguiente etapa, es decir, el victimismo: “es que a mi no me pasa”, “yo tengo mala suerte”, “yo no nací para eso”, “es que no conozco a la gente adecuada”, “no tengo suficiente dinero”, etc., pensemos por un momento todo el trabajo y esfuerzo que habrá tenido que hacer esa persona, el compromiso que ha adquirido con sus sueños y objetivos, y su indiferencia ante los obstáculos o dificultades que encontró en el camino para llegar hasta su meta. En una frase: el precio que ha tenido que pagar para conseguir lo que tiene.

El estar dispuesto/a significa abandonar la queja, la crítica y el victimismo y simplemente ponerse manos a la obra. Estudiar, trabajar, buscar otro empleo, cambiar de casa, de ciudad, de país, de pareja, de profesión, aprender nuevas habilidades, escribir, cantar, bailar, sacar tiempo por las noches para avanzar hacia nuestra meta, levantarnos más temprano para acercarnos un poco más a nuestro sueño, dedicar cada minuto disponible de nuestro tiempo libre o al menos gran parte de él para seguir cultivando nuestro deseo o aspiración y en general, todas esas cosas que decimos que no podemos o no queremos hacer, por la comodidad de instalarnos en la queja y tener siempre un argumento para justificar nuestra inactividad y supuesto fracaso: eso es estar dispuesto/a a pagar el precio. Nada se obtiene gratis. Y normalmente aquellos que han hecho lo necesario para conseguir sus metas y disfrutarlas, los que creen en una idea y luchan por alcanzar su sueños, son los que por lo general obtienen el éxito y reconocimiento que tanto admiramos.

Puede que no queramos convertirnos en grandes estrellas o ser famosos, pero si conseguir un fin que sea significativo para nosotros, sin importar si es grande o pequeño. El tiempo va pasando y en la medida que lo invirtamos en lograr nuestra propia satisfacción a través de logros que tengan un impacto positivo en nuestra vidas, podremos decir que nuestra existencia tiene o no sentido. Lo mejor de todo es que es una apuesta en la que siempre ganaremos: si lo disfrutamos, la felicidad y la sensación de plenitud nos acompañarán permanentemente, y si no, sabremos que posiblemente nuestro sueño se encuentre en otra parte, y podremos así comenzar a buscarlo.

Y tu, ¿estás dispuesta/o a pagar el precio por aquello en lo que crees y hacer lo que haga falta para conseguirlo?

Fuente: www.henkancoaching.com

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