“Hay casas que pueden matarte, hay ‘casas cáncer’ “

 

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Tengo 45 años. Soy de Sabadell. Soy arquitecto interiorista y geobiólogo, experto en bioconstrucción y salud geoambiental. Estoy casado y tengo dos hijos, Pau (12) y Jan (9). ¿Política? De centro tirando a izquierda. ¿Creencias? Ser buena persona.

Era un arquitecto racionalista y hoy además es un geobiólogo dedicado a detectar puntos insalubres en pisos, casas, oficinas… Ha desarrollado una sensibilidad específica para captarlos, que confirma luego con biómetros y detectores electrónicos (www.pereleon.com). Aconseja velar por las tomas de tierra de los domicilios, y así aligerarlos de cargas eléctricas. Porque ya se sabe que una de cada mil personas padece electrosensibilidad, un tipo de alergia que crecerá en lo venidero… Usa auriculares para el móvil y evita las bombillas de bajo consumo, son nocivas. Acaba de publicar su primer libro: La Buena Onda (Urano) con consejos y claves para disfrutar de una casa sana y protegernos de las ondas perniciosas.




–¿Existe la casa cáncer?

–Sí. Son casas que pueden llegar a enfermar y matar a sus habitantes, tras alterarles el sistema inmunológico, lo que puede acabar en cánceres: linfomas, leucemias, mama, colon…

–Qué afirmación tan arriesgada…

–Lo he visto tantas veces, ¡que lo proclamo!

–¿Cómo es una casa cáncer?

–Una vivienda edificada sobre una o varias zonas geopáticas.

–¿Y qué es una zona geopática?

–Una por la que discurre una (o varias) vena de agua subterránea. O en cuyo subsuelo hay una diaclasa, una falla del terreno. O un campo magnético terrestre muy elevado.

–¿Y eso puede afectar a mi salud?

–La fricción del agua en el terreno o la falla crea un campo electromagnético que se proyecta hacia arriba y atraviesa todos los materiales, incluidas nuestras células.

–¿Con qué efectos?

–Una exposición continuada a tales ondas altera el buen funcionamiento de la glándula pineal, productora de melatonina…

–Que regula los ciclos del sueño, ¿no?

–Sí, y que por eso regenera las células. Y esos iones naturales debilitan tu sistema inmunológico: ¡quedas más expuesto a patologías!

–Esas ondas, ¿pueden llegar a mi ático?

–Y más allá: ¡lo atraviesan todo!

–En tal caso, ¿qué es lo más peligroso?

–Dormir noche tras noche sobre un punto geopático: dormir entre seis y ocho años así… deteriorará gravísimamente tu salud.

–¿Qué síntomas debieran advertirme?

–Padecer cualquier alteración del sueño.

–¿De qué tipo?

–Si te levantas más cansado que al acostarte, si te despiertas en plena madrugada, si padeces insomnio, si descansas mal, si te sientes irritable, fatigado, con cefaleas, dolores articulares o si te han diagnosticado una dolencia sin determinar su origen… ¡cuidado!

–Cuénteme algún caso que conozca.

–El mío: soy arquitecto interiorista y construí una casa estupenda para mi mujer y mis hijos. Al poco, mis hijos se despertaban cada noche, mi mujer se levantaba fatigada…

–¿Y usted?

–Tan fresco. Un día, mi mujer me dijo que había llamado a un… ¡geobiólogo! Me enfadé: yo era muy racionalista, lo veía grotesco. Me planté, hasta que mi mujer me dijo: “Si amas a tus hijos, permítelo por ellos”. Cedí.

–¿Y qué les dijo el geobiólogo?

–Que mis hijos y mi esposa estaban durmiendo sobre puntos geopáticos: nos aconsejó cambiar las camas de sitio.

–¿Qué hizo usted?

–Cedí en las camas de mis hijos, ¡pero no en la nuestra!: me pareció ofensivo modificar un interiorismo que me había quedado precioso… Me negué. Pero sí acepté intercambiar con mi mujer el lado de la cama.

–¿Y qué sucedió, si me permite?

–Sí: en poco tiempo, mis hijos y mi mujer se sentían descansados y vitales. Y yo empecé a dormir mal y a levantarme fatigado…

–Y dejó de ser un escéptico.

–Hoy no dudo: los campos eléctricos naturales son perniciosos, y unidos a los artificiales, ¡multiplican el riesgo para la salud! Hoy me dedico a la asesoría geoambiental y a hacer reformas para crear hogares saludables.

–¿Qué radiaciones son las peores?

–La base del teléfono inalámbrico. Y el wi-fi. Y el móvil. Y los cables eléctricos. Y los despertadores eléctricos. Y los tendidos eléctricos. Y las antenas de telefonía móvil…

–¿Cómo podríamos evitarlas?

–Al llegar a casa, ¡apaga el móvil! Por la noche, desconecta el wi-fi. En los dormitorios, duerme sin fluido eléctrico alguno: usa despertadores a pilas.




–¿Cómo tiene ahora su cama?

–Desplazada para que ningún punto geopático afecte a ninguno de sus dos lados.

–¿Es mejor la cabecera hacia el norte?

–Yo descanso bien con el cabezal al sur: la orientación no me parece muy relevante.

–¿Hay electrodomésticos dañinos?

–Si al otro lado del cabezal de tu cama hay un frigorífico, microondas, lavavajillas, caldera, placa de inducción… te dañarán.

–¿Qué caso real le ha impactado más?

–Un hombre al que desvelé que el lado de la cama de su esposa era un punto estrella…

–¿Qué es un punto estrella?

–Aquel en que confluye un punto geopático con un cruce de dos líneas magnéticas…

–¿Y qué tal estaba la esposa?

–Cáncer de mama… En tratamiento. Lo terrible es que aquel hombre me confió entre lágrimas que sus dos esposas anteriores habían muerto en ese mismo lado de la cama. Fibromialgias, resfriados repetidos, insomnios, inhibición del deseo sexual… ¡pueden deberse a una geopatía!

–¿Qué consejo daría?

–Si ves que un niño se despierta siempre por la noche, ¡cámbiale de sitio! Porque los niños son más sensibles a esas radiaciones.

–¿Y qué nos dice a los adultos?

–No te resignes a dormir mal: limpia el dormitorio de campos electromagnéticos, cambia el emplazamiento de tu cama, obsérvate… Hay solución: merece la pena. ¡Tu dormitorio es tu taller de reparación celular!

Fuente: www.lavanguardia.com

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