“El sentimiento de culpa es el mayor obstáculo para ser feliz”

0002010383_x440_jpg000Carmen Durán (Cádiz, 1949), licenciada en psicología, presenta su nuevo libro, El sentimiento de culpa, con el que pretende destacar una emoción tan necesaria como nociva. La autora de libros como Amor y dolor en la pareja  y Eneagrama, entre otros, enfatiza sobre la necesidad de la liberación de la culpa para nuestra felicidad. De una parte, funciona como mecanismo de alerta para el bebé y la unión con su entorno, y muestra el amor y la preocupación hacia el otro. De otra, desencadena la frustración y la infelicidad por querer alcanzar metas por encima de las capacidades individuales. La autora gaditana presenta su nuevo libro, ‘El sentimiento de culpa’, con el que pretende destacar una emoción tan necesaria como nociva.

-Llama la atención que dedique todo un libro a la culpa, ¿la subestimamos? 

Sí, creo que en clave positiva juega un papel muy importante en la sociabilización, y en clave negativa nos hace perder mucho tiempo y nos hace sufrir bastante.

-¿Interfiere la culpa en nuestra felicidad más de lo que pensamos?

El sentimiento de culpa es el mayor obstáculo para ser feliz, para estar satisfecho con la vida y con uno mismo. En la sensación interna de estar en paz encajas las dificultades de una manera muy diferente a cuando estás en guerra contigo.

-¿Tenemos problemas  para identificar la culpa y superarla?

Esta sociedad tiene un componente muy narcisista, cuando somos muy orgullosos es difícil reconocer que hemos hecho algo mal. Lo intentamos tapar, pero como las emociones no se tapan, sino que siempre intentan salir a flote, al final nos pillan. Nos compensaría ahondar, porque si reconoces que te sientes mal, podrás liberarlo.

-Hay gente que se siente mal haga lo que haga; ese tipo de culpa es fácil de identificar, pero no de superar. 

Claro. La culpa en clave positiva es la que viene del amor hacia el otro, pero ese tipo de culpa, por el que siempre te sientes mal hagas lo que hagas, tiene que ver con una exigencia interna de quererlo todo, de estar por encima de las capacidades del ser humano, esta culpa es la que tiene que ver con el orgullo, con la personalidad de cada uno.




 -¿Cuál cree que es la mayor enseñanza que transmite su libro?

Que la culpa está relacionada con el amor y que no teniendo que ser mala se puede convertir en algo dañino. Hay una mayoría de cosas que nos torturan, pero que no está en nuestras manos arreglar. Tenemos muchos comportamientos condicionados por nuestra educación, por nuestra historia, de los que no somos tan responsables como creemos. Mantenemos una  exigencia dañina de querer ser como no podemos, necesitamos profundizar para encontrarnos y reconciliarnos con nosotros mismos.

-Esta idea de que somos lo que somos en gran parte por lo que nos transmitieron resulta poco esperanzadora ¿Hay algo que hacer o sólo nos queda la terapia?

Es así, hay una parte desesperanzadora, muchas de las vivencias de niños son un obstáculo para poder vivir sin ese sentimiento de culpa; pero por otro lado, son esas vivencias las que nos hacen ser como somos, y no haber vivido algunas dificultades en la niñez tampoco nos garantizaría que fuéramos mejores. Lo que debemos es interesarnos por nosotros mismos y desde ese autoconocimiento abrir otras puertas, que no transformarnos. Para ello no es necesaria la psicoterapia, pero sí cierto grado de desarrollo emocional que la sociedad debería enseñar.

-Presta especial atención a la etapa del bebé, ¿es la culpa una herramienta para evitar un alejamiento de su madre?

Sí, los humanos carecemos de todos los mecanismos que otras especies tienen para protegerse de la agresividad. Nosotros somos sociales y tenemos un periodo carencial muy grande, un periodo en el que el niño tiene una necesidad tremenda de la madre y de los de su entorno. El niño tiene una alerta si alguien se disgusta o se enfada con él, y esa alerta es la culpa. Si reaccionas demasiado pierdes tu identidad y si no reaccionas nada te quedas solo. La culpa, en este sentido, es una herramienta del amor que tiende a conservar la unión.

-¿Uno se desprende de parte de su culpa confesándola?

Todo esto tiene un contexto. Por ejemplo, las infidelidades en la mayoría de los casos se descubren, y no por descuido o por torpeza, sino porque siempre existe un intento enterrado de que el otro te perdone.  Reconocer la culpa libera, es algo mágico del ser humano. No dejar escapar la culpa también puede hacer que se convierta en agresividad y que comencemos a demonizar al de al lado.

-También habla de una culpa que tiene que ver con el libre albedrío, lo que puede desencadenar frustración y culpa, ¿nos han dado el mensaje equivocado?

No sé si equivocado, pero sí fruto de los tiempos. Desde que entró el espíritu del capitalismo y esa idea de la capacidad del hombre de hacerse a sí mismo hemos pensado que todos podemos hacerlo todo, pero hay condicionamientos que nos lo impiden. La meta para todos debería ser alcanzar el potencial de cada uno.

-¿Cuáles son las diferencias entre la culpa que usted define como moral y la emocional?

Con la culpa emocional me refiero a esa culpa natural que surge de manera espontánea, como preocupación por el otro. La culpa moral tiene que ver con las prescripciones sociales, con cumplir o no las reglas. La moral utiliza la culpa natural por el bienestar del otro para implantar formas de conductas que convienen a una sociedad determinada.

-¿Y en la religión qué papel juega la culpa?

En la religión la culpa se transforma en pecado. El temor a perder el amor de los padres que el niño necesita para sobrevivir se transforma en perder el amor de Dios. El pecado hace creer aún a mucha gente que Dios les castiga.

-¿El autoconocimiento de esta forma tan específica se educa?

Sí, a poco que reflexionemos sobre ello mejoraríamos. Hay cosas que son muy sencillas de hacer y que son muy dañinas, como no decirle al niño “eres tonto” o “eres malo y no te quiero”. Podemos entrenar a los niños también a través de nuestra propia conducta, los niños hasta los quince años no tienen un desarrollo moral completo, por eso cuando hacemos reflexiones morales es como si les estuviéramos hablando en chino.

Fuente: www.diariodejerez.es

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