El fraude del colesterol

corazon-colesterolEl colesterol es uno de los grandes pilares de la propaganda médica y alimentaria. Existe una preocupante disociación entre lo que se está contando en la facultad de medicina y lo que dicen los propios estudios científicos. Aunque a través de los medios de comunicación sistemáticamente se induce a la gente a mantener bajos sus niveles de colesterol, existen varios estudios que alertan de exactamente lo contrario.

A medida que aumenta la edad, aumenta el riesgo cardiovascular, por lo que los estudios en personas mayores arrojan mucha luz. Bernard Forette en París documentó que las mujeres mayores de 60 años con el colesterol bajo tenían la mayor mortalidad de todas las mujeres analizadas, y las más longevas eran aquellas con los niveles de colesterol más altos. Otro estudio longitudinal en la Universidad de Hawaai realizado por Schatz 2001 en personas mayores muestra que los niveles bajos de colesterol de nuevo se asocian con mayor mortalidad por cualquier causa. Esto mismo encontraron investigadores italianos del Laboratorio de Epidemiología y Bioestadística del Instituto Superior de Sanidad en Roma. En su estudio realizado en personas a partir de 65 años, son los niveles de colesterol total por debajo de 189mg/dL los que tienen mayor riesgo de mortalidad de todos los niveles registrados, y lo mismo advierte el Dr Kronmal en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Washington. Este investigador a partir de los datos del estudio Framingham en 5209 personas seguidas entre 1948 y 1980 encontró mayor riesgo cardiovascular con el colesterol elevado en aquellas peronas que lo tenían elevado a los 40 años de edad, pero dicho riesgo no existía entre los 50-70 años, y a partir de los 65 años, la disminución en los niveles de colesterol se correlaciona con un aumento del riesgo cardiovascular.

En un estudio de la Universidad de Connecticut, durante 12 semanas se les dió a pacientes obesos 3 huevos al día junto con una dieta baja en carbohidratos. El resultado es que la ingesta de 3 huevos diarios redujo el colesterol LDL -supuestamente malo- y aumentó los niveles de HDL, supuestamente bueno. Otro estudio publicado en International Journal of Cardiology mostró que dos huevos diarios durante 6 semanas no alteraron los valores de colesterol plasmático, ni la función endotelial de la arteria braquial. En otro estudio transversal en la Universidad Estatal de Michigan se comparó gente que ingirió 4 o más huevos por semana con aquellos que ingirieron menos de 1. Aquellos que ingirieron 4 o más huevos tenían niveles más bajos de colesterol plasmático. Una revisión de McNamara de 167 estudios nutricionales administrando colesterol dietético en más de 3500 sujetos muestra que los cambios plasmáticos son de aproximadamente 2.2mg/dL por cada 100 mg con poco cambio en el ratio HDL/LDL y la epidemiología no muestra por ningún lado que el colesterol dietético sea responsable de incidencia de cardiopatías o mortalidad incrementada (McNamara DJ 2000). Lo mismo ocurre con los índices de aterogenicidad (Fernandez ML 2006). De dónde salieron las recomendaciones en masa de restringir el consumo de huevos?

Está ampliamente difundido que existe un colesterol “malo” (LDL) y un colesterol “bueno” (HDL). Ancelin en el Centro Hospitalario de Montpellier en Francia encontró en su estudio que son precisamente los niveles bajos de colesterol “malo” (LDL) los que se correlacionan con un riesgo doble de padecer depresión en el hombre, y lo contrario en la mujer. Corsetti en la Universidad de Rochester encontró que el colesterol HDL alto se asocia positivamente como predictor de riesgo cardiovascular en ciertos subgrupos de pacientes. Lo mismo ha hallado Säemann en Viena. En pacientes sometidos a diálisis renal se halló que el HDL amplificó las reacciones inflamatorias y que podría explicar la inflamación crónica asociada con el riesgo cardiovascular. Varios estudios han demostrado que bajo ciertas circunstancias asociadas a estrés oxidativo e inflamación (nexo común de la mayoría de enfermedades crónicas, desde las cardiopatías, a la diabetes o al cancer), el colesterol HDL es un factor proinflamatorio y prooxidante, por lo que niveles altos podrían aumentar la severidad de ciertas patologías. Algunos autores lo han llamado HDL disfuncional (Guo ZG 2012). Debido a la creencia de que el HDL es el “colesterol bueno”, varias farmacéuticas se lanzaron a introducir fármacos que aumenten los niveles de estas lipoproteinas. Torcetrapib de Pfizer logró su propósito de incrementar el colesterol HDL, y lo que sucedió es que aumentó el riesgo cardiovascular. Lo mismo ha sucedido con fármacos de otras marcas, lo que añade mayor contundencia a la interpretación desafortunada del colesterol.

“Siga una dieta estricta baja en sal” Otra recomendación ampliamente extendida en la consulta del médico. Veamos qué sucede cuando la gente lleva una dieta baja en sal. En la Universidad de McMaster usando datos de 30.000 personas seguidas durante 5 años, los investigadores mostraron que el menor perfil de riesgo cardiovascular entre personas diabéticas y en prevención cardiovascular secundaria lo forman sujetos con ingestas de sodio estimadas entre 4 y 6 gramos diarios. La excreción de sodio medida en orina en ayunas menor de 3 gr/día se correlaciona con una mortalidad cardiovascular aumentada, y con mayor incidencia de hospializaciones. Contrariamente, se encontró cardioprotector una mayor excreción de potasio en orina (ODonell 2011). Así que resulta que precisamente aquellas personas con alguna enfermedad cardiovasular o con diabetes no deben tener un consumo bajo de sodio. Sin embargo esto no se arregla con el salero. Normalmente la gente restringe alimentos ricos en sal, por lo que es posible que se creen dietas deficientes o poco equilibradas de nutrientes que acompañan a los alimentos ricos en sal, además del sodio en sí. Por lo tanto, más que comprar un salero: quizás debas introducir parte de los alimentos que te prohibió el médico o aquel libro tan “sano” de dietas bajas en sal.

En un estudio publicado en British Medical Journal, encontraron que sólo el 6% de las afirmaciones que realiza la industria farmacéutica sobre sus productos en campañas publicitarias, son afirmaciones con base científica, encontrando que el 94% no tienen evidencia científica que lo sustente (Tuffs 2004, BMJ). Journal of the American medical Association publicó que las farmacéuticas gastaban de media unos 10.000 euros al año en cada médico para convencerles de que vendieran sus fármacos, que es más dinero que el que dedican a investigación. En Estados Unidos, entre 1992 y 2003, el abuso de fármacos prescritos por médicos creció 5 veces más de lo que lo hizo el abuso de cocaína (Califano, National Center on Addiction and Substance Abuse, Columbia University). Estamos hablando de ciencias aplicadas, por tanto financiables y teledirigibles a los intereses empresariales, que en el caso de la industria de la salud son multimillonarios.

Conclusión

Llegada cierta edad hay que cuidar el colesterol… pero parece que hay que cuidar que no esté bajo! Esta es la historia de un engaño masivo, bombardeado a diario en televisión. Cualquier problema de salud trata de “solucionarse” medicalizándolo a menudo con pastillas cuyo efecto global sobre la salud es desconocido. Como se hace a gran escala, y lo realizan señores de clase noble con traje y corbata que cuentan con estrechos lazos con la política en nombre de la salud, no computa como fraude. Algún lector estará pensando que, a pesar de todo, los avances en salud son incontestables. No es así, a pesar de la ciencia ficción del laboratorio de Craig Venter que no se traduce a la medicina común tan fácilmente. Según la pripia OMS, en los próximos 20 años, a pesar de más pastillas, análisis diagnósticos y más médicos por habitante que nunca, la diabetes se va a DUPLICAR hasta los 700 millones de personas. Las tasas de cancer siguen igualmente aumentando, al igual que la mayoría de enfermedades crónicas. Es lo que sucede cuando deliberadamente se educa a la gente a que su salud tiene algo que ver con la medicina y con comprar pastillas.

El famoso economista Kenneth Galbraith decía que en la facultad de economía se aprende lo que se hace con el dinero, pero jamás se cuenta lo que es el dinero en sí, de donde sale y quien lo crea, y la historia objetiva, pasada y presente, turbia, mafiosa y sonrojante que lo rodea. El siglo XXI trae un reto y una responsabilidad: decidir bien donde informarse, porque el 90% de la información circulante es propaganda. Especialmente la que parece más formal y habitualmente difundida por canales clásicos. Desde el sistema educativo a la televisión.

Respecto a las empresas de alimentación que están tratando de manipularte con propaganda basada en el miedo para que compres sus productos, tan fácil como no volver a comprarlas en la vida.

Este artículo de ningún modo constituye consejo médico a nivel personal. Si crees que este artículo es importante, por favor, difúndelo!!

Fuente:   www.muscleblog.es

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