Cómo poner límites y hacerte respetar

Aprender a poner límites a algunas personas de nuestro entorno ya sea laboral o personal es muy importante. Del mismo modo que las paredes de tu casa determinan el ámbito donde tú vives, un límite define el espacio emocional que te corresponde como ser humano diferenciando lo que eres y quieres de lo que no eres y no quieres.

Cada vez que debas “decir no” o hacerte respetar y no lo haces, estás comprometiendo tu integridad.  Es como si no existiesen los límites inmobiliarios de tu casa y cualquiera pudiera entrar y salir cuando se les diese la gana.

El lograr armonía en nuestra vida depende tu capacidad de darte cuenta hasta dónde puedes ceder ante los demás. Si consideras que no estás poniendo freno a conductas fuera de lugar y hasta destructivas de otros, entonces estás comprometiendo tu autonomía y dignidad como persona. Tú tienes el derecho de no aceptar ciertas demandas de otros, y nadie puede arrebate este derecho.

¿Para qué crees que no estás poniendo límites cuando es necesario?

Si te fijas en la pregunta, en lugar de preguntar “por qué” pregunto “para qué”. El “para qué” te conecta con el beneficio o el sentido que le das a hacer o actuar de determinada manera. Sostengo que una conducta que estés adoptando, siempre tiene un beneficio detrás que es el que te lleva a hacerlo así. En el caso de no poner límites te pregunto:

¿Cuál es el beneficio que estás obteniendo de no establecer esos límites cuando es necesario?

Algunos beneficios pueden ser:

  • Evitar enfrentarte a un posible rechazo y desaprobación.
  • Evitar hacerte cargo de una situación por miedo a no poder afrontar o controlar lo que viene después.
  • Mantenerte en la zona “cómoda” porque, a pesar de que la pasas mal por no poner límites, esto se ha hecho “parte” de tu vida; una costumbre de la cual se te hace muy incómodo salir.
  • Otros: rellena aquí con tus propios beneficios.

Como experiencia, recuerdo que hace tiempo tuve la oportunidad de trabajar con una persona que no se dirigía de una manera amable para pedirme las cosas, tenía un tono agresivo que no me hacía sentir bien y me desmotivaba bastante en el desarrollo de mi tarea. Sentía que tenía que poner límites y pasé un tiempo largo sin hacerlo por temores de todo tipo; hasta que un día comprendí la necesidad de establecer y expresar ese respeto que me correspondía como ser humano. Cuando lo hice (luego de aplicar los pasos que te recomiendo más abajo) me di cuenta que los beneficios que obtuve al hacerlo superaban el beneficio que obtenía antes, que era: “evitar conflictos”, “evitar que la situación se descontrolara”, “evitar no poder afrontar una situación”). Cuando trabajé con estas estrategias, pude resolver el problema, con tranquilidad y la relación con esa persona mejoró muchísimo. Este es un pequeño ejemplo; por supuesto existen diferentes situaciones y de distinta complejidad.

Muchas veces no ponemos límites porque no sabemos bien qué queremos que ocurra; qué resultados positivos podríamos obtener si lo hiciéramos. Lo único que tenemos claro son los problemas que padecemos por no hacerlo y el malestar que nos acarrea. Algo en nuestro interior se va resintiendo cada vez más sin tener consciencia de cómo esto afecta nuestro presente y nuestra capacidad de construir un futuro que realmente nos haga felices.

Tú como ser humano tienes derecho a elegir y cada vez que dejas de lado esta posibilidad estás pagando precios muy altos como el entregar tu autoestima y tu poder personal a otros para que hagan lo que quieran con ellos. Es cierto que no puedes cambiar, ni controlar lo que los demás hagan, tampoco obligarlos, pero sí puedes ponerte el traje de protagonista aplicando las siguientes sugerencias:

Identifica la situación en la que crees que necesitas poner límites y decide qué es bueno para ti y que no es bueno.
Esto es una decisión personal. ¿Cuál es ese límite que sientes que debes establecer? Piensa en las personas implicadas con quienes debas hablar. Ten en cuenta que una de esas personas a quienes necesitas poner límites eres tú mismo. En caso de que estemos hablando del grupo de personas con las que te relacionas, estas pueden ser de tu entorno familiar, amigos y de tu trabajo. Escribir todo lo que sientas sobre la situación te servirá muchísimo para aclarar tu mente para disponerte a buscar soluciones.

Piensa cuáles serían las consecuencias negativas de poner límites.
Una vez identificada la situación, piensa qué pasaría si lo hicieras. De esta manera te ubicas en los distintos “futuros” posibles para evaluar si en verdad el resultado sería tan negativo o no. En muchos casos, el hecho de poner límites se paga con precios muy altos, esto comprendo que es muy personal. Mide el precio que pagarías si lo haces y evalúa si estás dispuesto a enfrentarlo.

Piensa cuáles serían los beneficios de poner esos límites.
Al establecer límites estás buscando resultados positivos en tu vida. Entonces, identifica cuáles serían las consecuencias positivas de hacerlo, qué lograrías, qué nuevas posibilidades se abrirían para ti. Identificar todo lo bueno que se generaría te dará más fuerza para llevarlo a cabo y no titubear ni tener miedo.

Determina acciones para establecer esos límites si consideras que sí pagarías el precio.
Decide qué permitirás que ocurra y qué no estando tú presente y asegúrate de que se cumpla. Diseña la manera en la que vas a manejarlo: identifica quién es la persona con la que hablarás, a qué ámbito pertenece, cómo correspondería dirigirte, cómo podrías expresarte, qué y cómo le dirás al otro lo que esperas de él, cómo podrías mantenerte firme y consecuente, qué pasaría/harías ante un resultado que no te guste. Esto es necesario para que en tu mente vayas diagramando diferentes posibilidades de solución. No olvides que tu objetivo más importante es establecer límites, hacerte respetar y no es necesario que sea desde la violencia ni la agresión. Para que esto no ocurra, tienes que buscar generar acuerdos efectivos en un contexto de conversación tranquilo, explicativo, donde la misma pueda darse sin emociones negativas, sin venganzas inútiles y sin insultos ya que el resultado sería catastrófico.

Determina acciones si consideras que no pagarías el precio.
Si decides no pagar el precio de poner límites, intenta comprender por qué y para qué sigues manteniéndote en esta situación. Pon en la balanza y verifica qué otra cosa puedes hacer; quizás proponerte un tiempo límite para intentar arreglar la situación de otra manera solucionando antes otras cosas que consideres necesarias: fortaleciéndote para tener valor, encontrándote contigo mismo determinando qué quieres de tu vida, preparándote mejor para ese momento emocionalmente, económicamente, etc…

¿Estás listo para dar lugar a que este quiebre se despliegue en tu vida?.

Aplica estos pasos y libérate de esos estados de ánimo que te tienen atrapado: venganza, desacuerdos, enojos, resentimiento, frustración, celos, etc. Si estableces los límites con tranquilidad, enfoque, diseño de conversaciones y perspectiva, verás cómo las cosas comienzan a cambiar en tu vida…

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